Un fin de semana de lluvia intensa bastó para poner en jaque la infraestructura de drenaje de la ciudad. Treinta y dos milímetros de agua caídos en pocas horas superaron con creces la capacidad del sistema pluvial, y el resultado fue contundente: más de treinta viviendas inundadas y cerca de trescientas llamadas de emergencia que no dejaron descanso a los equipos de Defensa Civil.
Desde las once de la mañana hasta la medianoche, el personal estuvo en movimiento sin pausa. Jefe de Operaciones de Defensa Civil Municipal, Cristian Álvarez, lo resumió en Radio Provincia: fue «un día bastante largo». Junto a los cuarteles de Bomberos Voluntarios de Ushuaia y Zona Norte, y con el respaldo de la Secretaría de Planificación e Inversión Pública —que se ocupó del saneamiento y la apertura de canales de desagüe— y la Secretaría de las Mujeres, Géneros y Diversidades, el operativo se extendió hasta bien entrada la noche para contener una situación que no dejaba de crecer.
El agua que no tenía por dónde salir
Lo que falló no fue la red cloacal, sino la capacidad de evacuación. Álvarez fue preciso al explicarlo: «No fue por un problema de que las cloacas estaban tapadas, sino que no daba abasto el caudal para poder desagotar la cantidad de agua que ingresó. Entraba 20 litros, y salía un litro. Entonces, obviamente colapsa la red y el agua vuelve hacia las viviendas».
La imagen es elocuente: un sistema diseñado para cierto volumen de lluvia que se encontró de golpe con una descarga muy superior a lo previsto. Cuando la diferencia entre lo que entra y lo que sale es tan abismal, el desborde no es un accidente sino una consecuencia casi matemática.
Lugares que nunca habían visto el agua entrar
Uno de los datos que más llamó la atención fue que algunas de las viviendas afectadas nunca antes habían sufrido inundaciones. «Tuvimos lugares nuevos en que era la primera vez que le pasaba», reconoció Álvarez, y atribuyó el fenómeno a la magnitud inusual de la precipitación: «Lo que pasó es que cayó mucha cantidad de agua».
Ese detalle no es menor. Sugiere que la lluvia del fin de semana no fue una emergencia previsible dentro de los parámetros habituales, sino un evento que desbordó zonas hasta ahora consideradas seguras, lo que abre interrogantes sobre cómo la ciudad está preparada para episodios climáticos cada vez más extremos.
Con más de trescientas llamadas atendidas y decenas de asistencias completadas, el balance del operativo refleja tanto la respuesta coordinada del sistema de emergencias como la magnitud de un temporal que la infraestructura urbana, por ahora, no pudo absorber.





