Cada 1 de junio, desde 1992, Tierra del Fuego —la provincia más joven y más austral del país— recuerda el día en que dejó de ser un territorio gobernado a distancia desde Buenos Aires para convertirse, con Constitución propia y autonomía real, en un Estado provincial pleno. Este año la conmemoración llega con peso especial: se cumplen 35 años de la jura de esa Carta Magna, aquella ceremonia celebrada en el Gimnasio Polideportivo Hugo Ítalo Favale de Ushuaia que, el 1 de junio de 1991, puso punto final a un proceso político que había llevado décadas en gestarse.
Un largo camino hasta el sur
El punto de partida formal se puede rastrear hasta 1954, cuando la diputada nacional Esther Mercedes Fadul de Sobrino presentó un proyecto que buscaba reconocer institucionalmente a Tierra del Fuego y definir su jurisdicción sobre el sector antártico y las islas del Atlántico Sur. Esa semilla tardaría casi cuatro décadas en florecer.
El retorno de la democracia le dio nuevo oxígeno al proceso. En octubre de 1984, el presidente Raúl Alfonsín visitó Ushuaia y anunció el inicio formal de las gestiones para provincializar el territorio. A partir de ahí, el debate se instaló en el Congreso con una discusión que no era menor: qué límites tendría la nueva provincia. Los fueguinos reclamaban —y finalmente lograron— que la Antártida Argentina, las Malvinas, las Georgias del Sur y las Sandwich del Sur quedaran dentro de su jurisdicción.
El 26 de abril de 1990, el Congreso Nacional sancionó la Ley Nº 23.775, que declaró el nacimiento de la provincia y convocó a elecciones de Convencionales Constituyentes. Aunque esa ley suele citarse como el acta de nacimiento provincial, los propios fueguinos saben que el capítulo definitivo se escribió un año después.
La jura que cerró el círculo
El 9 de diciembre de 1990 se eligieron los convencionales que comenzarían su trabajo el 7 de enero siguiente. Durante meses redactaron la carta magna provincial. El texto fue aprobado el 17 de mayo de 1991 y, dos semanas más tarde, el 1 de junio, se firmó y juró públicamente.
Ese acto —en un gimnasio polideportivo de una ciudad que entonces apenas superaba los 30.000 habitantes— fue el nacimiento institucional definitivo de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.
Un año después, la primera Legislatura Provincial sancionó la Ley Nº 7, que estableció el 1 de junio como Día de la Provincia.
35 años después
Tres décadas y media más tarde, Tierra del Fuego es un territorio que creció de manera sostenida —en población, en actividad económica, en conflictos y también en identidad— pero que sigue cargando la singularidad de ser la única provincia argentina que incluye en su nombre a territorios bajo reclamación soberana: la Antártida y las Islas del Atlántico Sur.
La fecha no convoca únicamente a la nostalgia institucional. Es también una ocasión para preguntarse qué significa, 35 años después, la promesa de autonomía que aquella Constitución encarnó, y qué desafíos quedan pendientes en «el sueño de generaciones» que llevó al territorio más austral del país a convertirse en provincia plena dentro del sistema federal argentino.






