Desde este 6 de septiembre, los adolescentes de 14 y 15 años pueden ser imputados, procesados y condenados penalmente en el país tras cumplirse los 180 días de la sanción de la nueva Ley Penal Juvenil. La normativa establece un nuevo esquema de responsabilidad para menores de entre 14 y 18 años, fijando un límite máximo de 15 años de condena y derogando el sistema tutelar previo.La reciente normativa nacional que hace punibles a menores de 14 a 18 años genera interrogantes sobre su aplicación práctica, la falta de infraestructura adecuada y la necesidad de promover la conversación en los hogares.
La implementación de la ley nacional abrió un profundo interrogante sobre la preparación del sistema judicial y la falta de infraestructura adecuada. Así lo advirtió el abogado, Jorge Hernández, quien señaló que la normativa vigente desde febrero abarca desde delitos graves hasta situaciones cotidianas entre adolescentes, pero carece de los espacios físicos necesarios para alojar a los jóvenes sin contacto con adultos. Ushuaia no dispone actualmente de un establecimiento adecuado para cumplir esa exigencia.
“Decime dónde va a ser. Tiene que existir un lugar especializado”, planteó el abogado, quien recordó que la ciudad también enfrenta dificultades por la falta de espacio dentro del sistema penitenciario destinado a mayores de edad. «Lo que está planteando la ley es inviable en cuanto a infraestructura», sostuvo, al tiempo que cuestionó la ausencia de jueces especializados y de recursos específicos.
El especialista también hizo hincapié en que la norma exige un cambio cultural y preventivo que hoy brilla por su ausencia en las instituciones educativas. «No he visto ninguna currícula escolar de secundaria que den la materia, por ejemplo, cómo la difundimos», expresó, y remarcó que las familias también deben asumir un rol activo frente a las consecuencias legales y económicas que recaerán sobre los padres ante cualquier infracción cometida por los jóvenes.
Frente a este escenario de vacíos normativos y operativos, Hernández insistió en que el verdadero cambio debe nacer del seno de la sociedad y de cada hogar. «Intenté transmitir que se charle en casa, que se lleve a la mesa del hogar la conversación», concluyó, apostando al diálogo familiar como el primer paso fundamental para concientizar a las nuevas generaciones sobre el alcance de sus responsabilidades.





