El Centro de Actividades Alternativas para Discapacidad (CAAD) dio un paso decisivo hacia la concreción de su propia casa. La entrega formal del decreto de preadjudicación del terreno para la nueva sede representa mucho más que un trámite administrativo: marca el punto de partida formal para salir a buscar el financiamiento que permita levantar la infraestructura.
Fernanda Gaillard, directora de la institución, explicó en diálogo con Radio Provincia que este avance “nos sirve para seguir avanzando en la búsqueda de recursos”, al tiempo que reconoció que por delante “sigue una serie de trámites bastante importantes” antes de ver materializado “el sueño de la construcción de nuestro edificio”.
Al repasar la historia detrás del proyecto, Gaillard enfatizó el carácter colectivo de la iniciativa. “Fueron muchos los que participaron, los que colaboraron y los que nos motivaron a empezar esto, el 12 de octubre del año pasado, o quizás unos meses antes, con el empuje y las ganas que nos dio Fede (Sciurano)”, recordó.
El recorrido no estuvo exento de demoras. En sus comienzos, la gestión avanzaba a un ritmo sinuoso que puso a prueba la templanza de la comunidad educativa. “Venía lento el asunto, bastante lento, bastante complejo, pero decidimos no bajar los brazos, seguir empujando y hoy podemos decir que sí, que está tomando forma”, celebró la directiva, contrastando esa primera etapa con el impulso actual, donde la iniciativa “tomó una velocidad impresionante”. En ese sentido, agradeció el trabajo técnico de la empresa EMCODE, “que estuvo colaborando un montón y nos dejó el terreno listo para poder empezar a construir”.
La crisis del transporte: un freno al derecho a la asistencia
La satisfacción por el terreno contrasta con la preocupación cotidiana que atraviesa el CAAD respecto del servicio de transporte escolar que depende del Ministerio de Educación provincial. Se trata de un engranaje crítico que hoy deja a una veintena de alumnos sin posibilidad de asistir con regularidad.
Gaillard describió la complejidad de este panorama: “Es bastante complejo y siempre hay dificultades. El CAAD tiene una combi que es contratada por el Ministerio de Educación para que brinde servicio a 20 alumnos que no tienen la posibilidad de viajar en un vehículo privado o de alquiler, taxi, remisse o Uber, porque no pueden ir solos, no tienen independencia para poder hacerlo y eso implica que tengan que venir con la mamá o con el papá o con algún familiar”.
La falta de este transporte impacta de lleno en el bolsillo y la rutina de las familias más vulnerables. “Para los papás no es fácil en la situación actual del país poder todos los días de la semana costear un coche, o sea, un viaje de ida o un viaje de vuelta. Hay estudiantes que vienen una vez a la semana. Porque si tuvieran que pagarse todos los días el remisse o el taxi no tienen para comer”, advirtió.
La directiva remarcó además que la discapacidad de muchos jóvenes les impide utilizar el colectivo urbano tradicional. Esta combinación de barreras económicas y de accesibilidad provocó que, desde mediados de septiembre, “alrededor de 20 estudiantes vengan en forma alternada o directamente no vengan”.
Frente a esta coyuntura, la titular del centro optó por visibilizar una realidad que suele quedar solapada tras la labor diaria de la institución. “Muchas personas dicen ‘en el CAAD nunca pasa nada’, o ‘en el CAAD siempre es todo color de rosas’ y la verdad es que no. Pasan estas cosas. Personalmente no me gusta darle este tipo de tratamiento, pero hay una necesidad mayor de los padres y de nuestros estudiantes y nos vemos obligados como institución a poner palabra en este pedido”, concluyó.







