La senadora nacional de La Libertad Avanza Belén Monte de Oca visitó el Colegio Técnico Provincial «Olga B. de Arko», en Ushuaia, para hacer entrega de mapas a la institución. El gesto habría pasado inadvertido —o hasta habría sido bien recibido— de no ser por el aparato de registro que la acompañó: encuadres estudiados, tomas de cercanía, contenido listo para editar y publicar. Una operación de imagen envuelta en papel madera y buenas intenciones.
El problema es el contexto. Tierra del Fuego atraviesa uno de sus momentos más difíciles en años: empleos que se evaporan, una industria local asfixiada por la apertura importadora y un sistema educativo que acumula reclamos sin respuesta. Salarios atrasados, infraestructura deteriorada, cargos que no se cubren. En ese escenario, la aparición de una referente del oficialismo nacional regalando insumos simbólicos frente a un equipo audiovisual completo no cayó bien.
El Sindicato Unificado de las Trabajadoras y los Trabajadores de la Educación Fueguina, SUTEF, fue el primero en romper el silencio y lo hizo sin anestesia: calificó la visita como «proselitismo demagógico» y denunció que se usó la escuela pública como escenografía de campaña. El gremio señaló además que el mismo gobierno que hoy envía representantes con mapas bajo el brazo fue el que eliminó el financiamiento específico para la Educación Técnico Profesional al derogar el artículo 52 de la ley nacional del sector, y el que quitó la meta del 6% del PBI destinado a educación que había funcionado como piso histórico de inversión.
La contradicción es difícil de disimular: recortar por decreto y donar por Instagram.
Lo que buscaba ser una postal de gestión cercana terminó convirtiéndose en el símbolo exacto de aquello que la comunidad docente cuestiona: dirigentes que aparecen cuando hay cámaras y desaparecen cuando hay que defender el presupuesto. El efecto boomerang fue inmediato. Cuanto más prolijo el video, más evidente la distancia entre la escena y la realidad que vive la escuela todos los días.
En Tierra del Fuego, donde la crisis no es un dato estadístico sino algo que se siente en los pasillos de las fábricas y en los salones de clase, dos mapas no alcanzan para tapar un recorte.




