En un momento donde la economía nacional obliga a recalcular cada paso, Tierra del Fuego ha decidido mirar hacia sus propios recursos hídricos para encontrar una salida. No se trata solo de pescar, sino de cultivar una industria que, hasta ahora, funcionaba bajo estructuras rígidas y poco eficientes. Con la reciente reglamentación de la Ley Provincial N° 1601 a través del Decreto 2355/25, la provincia pone en marcha un ambicioso plan de acuicultura sostenible que busca ser mucho más que una promesa administrativa.
Por Radio Provincia, Diego Marzioni, subsecretario de Coordinación de Pesca y Acuicultura de la provincia, fue claro al respecto: el objetivo es la «economía azul». Pero para que los números cierren, el Gobierno sabe que primero debe ordenar la casa. Por eso, la gran novedad es la implementación de una Ventanilla Única, un sistema que promete podar la burocracia y entregar respuestas sobre la factibilidad técnica de los proyectos en un plazo máximo de 90 días.
Inversión con condiciones: nada de «engorde» y fuga
La estrategia no busca atraer a cualquier inversor, sino a aquellos dispuestos a echar raíces. Marzioni explicó que no se permitirán empresas que utilicen el agua fueguina únicamente para el engorde de peces y luego procesen el producto fuera de la isla: «buscamos que todo proyecto productivo orientado a la acuicultura se desarrolle íntegramente en la provincia», señaló. La idea es que el valor agregado —y por ende, el empleo y la riqueza— se quede en casa.
El primer peso pesado en mostrar interés es el Grupo Mar Andino. A través de su firma Idris, la empresa ya firmó una carta de intención para desembarcar en la provincia. El antecedente es alentador: en Neuquén y Río Negro, este grupo ya genera más de 450 empleos directos. Su llegada a la isla no solo implicaría producción, sino también el desarrollo de genética y el estudio de reproductores en un entorno ambiental único.
El ambiente como activo, no como obstáculo
El fantasma de las salmoneras y las polémicas del pasado sobrevuelan cualquier debate sobre el agua en el sur. Consciente de esto, el nuevo marco regulatorio ratifica la prohibición de la salmonicultura en las aguas del Canal Beagle y en cualquier reserva natural.
Para Marzioni, el cuidado del ecosistema no es una traba burocrática, sino la garantía de supervivencia del negocio: «el entorno ambiental es el principal activo que tenemos. En el momento en que bajemos la barrera de control, se terminó el desarrollo acuícola». Para asegurar esto, se suma la Evaluación Ambiental Estratégica, una herramienta que definirá científicamente qué zonas son aptas y cuáles deben permanecer intocables.
Una industria para todos
El plan contempla tres escalas de producción: artesanal, pre-comercial e industrial. La lógica es de cooperación: se espera que los grandes proyectos industriales sirvan como soporte de infraestructura para los pequeños productores artesanales, integrando la cadena de servicios de punta a punta de la isla.
Tierra del Fuego intenta así dar un salto hacia una matriz productiva más diversificada, apostando a que la transparencia administrativa y el rigor ambiental sean los mejores anzuelos para un desarrollo que, según el Gobierno, llegará «más pronto que tarde».






