El presidente de la Federación de Cámaras de Turismo de la República Argentina (FEDECATUR), Ángel Brisighelli, trazó un balance realista de la temporada de verano en Ushuaia. Lejos de los récords históricos, el dirigente destacó que el destino atraviesa un verano “bueno”, con niveles de movimiento que, si bien están por debajo del año pasado, no generan alarma en el sector.
El diagnóstico llegó en un contexto de fuerte actividad portuaria. Durante el último fin de semana, el Puerto de Ushuaia recibió 16 cruceros internacionales, una de las jornadas más intensas del actual calendario. “Son días extremadamente complejos para la operación portuaria por la cantidad de barcos. Esto ocurre todos los años entre el 28 y el 29 de diciembre, cuando las empresas buscan vender Navidad o Año Nuevo en la Antártida y hacen el recambio de pasajeros”, explicó en declaraciones a Radio Provincia.
Sobre el desempeño general, Brisighelli fue claro: “No será una temporada histórica, pero tampoco es una mala temporada”. Y agregó: “Las preocupaciones que teníamos hace dos o tres meses atrás, afortunadamente no se han concretado. El volumen de pasajeros es bueno, tanto en cruceros internacionales como en turismo nacional”.
El referente turístico subrayó que Ushuaia mantiene una situación diferencial dentro del mapa nacional. “Es un destino relativamente chico, muy bien posicionado a nivel internacional, con un movimiento de cruceros muy específico por la Antártida. Ni siquiera está tan afectado por las cuestiones económicas propias de la Argentina”, sostuvo. A nivel interno, señaló que la ciudad sigue siendo “un destino aspiracional” para los argentinos, lo que ayudó a sostener la demanda.
El contraste aparece al mirar otros puntos del país. “Hay destinos del interior que están sintiendo muy fuerte la reducción de pasajeros, porque muchos argentinos están encontrando tarifas muy atractivas en playas de Brasil, Colombia o el Caribe. Al argentino le gusta viajar al exterior y hoy tiene esa posibilidad que no tuvo en los últimos cuatro o cinco años”, analizó.
Más allá del balance positivo, Brisighelli puso el foco en las limitaciones estructurales que condicionan el crecimiento futuro. “Tenemos falencias importantes. Somos un destino del medio, con apenas un porcentaje bajo de las noches hoteleras del país. Bariloche, por ejemplo, tiene seis veces más ocupación que nosotros”, comparó.
En ese sentido, remarcó el potencial de expansión de Ushuaia, aunque advirtió que requiere planificación y decisiones de fondo. “Deberíamos tener un nivel de calidad de servicios muy alto por el tipo de turismo que recibimos y un desarrollo de infraestructura pública y privada que permita un crecimiento sostenido en el tiempo”, señaló.
Las críticas más duras apuntaron a los servicios básicos y al transporte. “Es muy difícil planificar el crecimiento turístico cuando no tenés garantizada la luz o el gas”, dijo, y sumó los problemas del puerto: “Es físicamente chico. La operación de estos días lo deja en claro: había seis barcos afuera, cuatro de ellos cruceros. El puerto necesita un área de operación más grande”.
El aeropuerto tampoco quedó afuera del diagnóstico. “Tenemos inconvenientes sostenidos y un problema serio de saturación de la terminal. Hace años está la infraestructura para una tercera manga y no se concreta. El cuello de botella en los controles de seguridad es inentendible. Se podría solucionar simplemente poniendo más personal o habilitando todos los escáneres”, cuestionó.
También mencionó falencias históricas como la falta de una terminal de ómnibus adecuada y los problemas de tránsito y estacionamiento, que se agravan durante el verano. “No hace falta una megaobra. Los micros deberían poder estacionar, lavarse y hacer mantenimiento. Nunca en la historia Ushuaia tuvo una terminal como corresponde”, recordó.
Finalmente, Brisighelli insistió en que la experiencia del visitante debe ser el eje de cualquier política turística. “Las distintas reparticiones tienen que cumplir su función, pero con una visión clara: hacer bien su trabajo y tratar de molestar lo menos posible a quienes se ven afectados. El pasajero tiene que sentirse bien. Si le complicás la vida a tus clientes, el riesgo es que busquen otras opciones… y las encuentren”.





