Erika González (50) se dedica al cuidado de adultos mayores y vive en Ushuaia hace 4 años. En diálogo con EDFM, cuenta su experiencia frente al Coronavirus COVID-19, en una dura batalla que se extendió por casi 20 días, y sus sensaciones a partir del alta médica que recibió el viernes pasado.
Los primeros síntomas comenzaron alrededor del 15 de marzo. “Empezó como un dolor de cabeza fuerte, perdí el olfato y el gusto –recuerda Erika-. Después fiebre muy alta, que no bajaba y me empezó a doler el cuerpo”. Así fue que el 16 de marzo realizó una consulta médica en el CAPS Nº3, donde “me dijeron que podía tener latingitis, y me dieron un tratamiento con azitromicina y paracetamol”, dice, y agrega que “avisé que no iría a trabajar ese lunes, y desde entonces me quedé en casa”.
La indicación médica era, según explicó Erika, completar el tratamiento durante 5 días y en caso de que los síntomas persistieran, contactarse nuevamente. “Nunca dejé de tener fiebre, más de 38 grados. El dolor de cabeza era cada vez peor, perdí completamente el gusto y el olfato, me dolía todo el cuerpo –cuenta Erika-. No podía hablar, moverme, sentarme o pararme, ni comer, ni abrir los ojos, también tenía tos, vómitos y diarrea”.
Durante siete días experimentó estos síntomas, hasta que el 23 de marzo “no aguanté más y fui al hospital a hacerme el hisopado”, recuerda. “Yo no quería ir porque en mi interior sabía que no era laringitis ni una gripe común, por los síntomas, y no quería exponerme, pero ya estaba muy angustiada y asustada porque me ahogaba, me faltaba el aire –explica Erika-. Muchas veces pensé que me moría”.
A partir de allí la indicación fue “quedarme en casa, no tener contacto con nadie y hacer reposo -recuerda Erika-. Tuve seguimiento telefónico, preguntándome cómo me sentía, y el 3 de abril recibí el resultado positivo de Coronavirus”. Desde entonces “fui mejorando, la fiebre fue mermando muy de a poco –señala-, pero el dolor de cabeza, la pérdida de olfato y gusto siguieron hasta hace dos días, y todavía tengo tos”.
El 5 de abril le realizaron un nuevo hisopado de control, cuyo resultado fue negativo; se repitió dos días más tarde y finalmente el viernes pasado, con un nuevo resultado negativo, recibió el alta médica. “Significa que ya no tengo el virus, pero de todas maneras me tengo que cuidar muchísimo, no salgo ni estoy en contacto con nadie porque me siento débil, y tengo miedo por mí y por el resto”, explica Erika. “Jamás diría que es una enfermedad respiratoria; a mí me atacó todo el cuerpo”, sostiene.
Erika tiene 3 hijos, que viven en el norte del país. Ella valora que “estuvieron siempre pendientes de mí, a la distancia”, y lamenta que “estaban muy preocupados y con mucho miedo, porque todo el tiempo todos recibimos mucha información sobre la cantidad de fallecidos y contagiados, aunque yo trataba de tranquilizarlos, dentro de mi malestar”.
“Fue muy difícil –recuerda-. Fueron días de mucha angustia y sentimientos encontrados: agradecí que mis hijos no estuvieran acá, porque los podría haber contagiado, pero también me lamenté de que estuvieran tan lejos, porque sentí que podía morirme sola”. Su lucha contra el Coronavirus duró alrededor de 20 días, desde los primeros síntomas hasta el primer resultado negativo, con el apoyo y la asistencia –telefónica- de sus amigos.“Yo también pensé que era algo lejano y que jamás me pasaría a mí”
Erika asegura que su experiencia frente al Coronavirus dejó enseñanzas y reflexiones para ella y sus seres queridos. “Lo primero que pienso es en sacar el pie del acelerador –analiza-. Siempre viví a full, sin parar, casi en piloto automático; y entendí que hay que vivir más tranquilos y darle valor a lo esencial, que es la salud y los vínculos”.
“Yo también pensé que este virus era algo lejano y que jamás me pasaría a mí –reconoce-. Pero la realidad es que todos estamos frente a algo desconocido, inesperado y muy agresivo que no distingue edades, condición económica o ideologías, por eso es tan importante cuidarnos y cuidar a los demás, porque lo primero es la vida”.
A pesar de haber superado la enfermedad, “tengo miedo a salir, a contagiar a los demás o a enfermarme de nuevo. No es algo que pueda explicar o razonar, es que no quiero volver a pasar por lo mismo”, señala Erika.
“Hay mucha gente que todavía no es consciente de lo que está pasando, se queja de la cuarentena, o como vemos en fotos y videos sale igual a pesar de las indicaciones”, lamenta. “Probablemente crean que esto no les va a pasar o que es mentira. Pero ¿Por qué esperar a que le afecte a un ser querido, o a uno mismo, para tomar conciencia? -cuestiona-. Yo la pasé realmente mal, pensé que no iba a poder contarlo, pensé que me moría”.
Fuente: El Diario del Fin del Mundo





