“El turismo no depende de que suban o bajen un decreto”

El presidente de la Federación de Cámaras de Turismo de Argentina, Ángel Brisighelli, defendió la convivencia entre el desarrollo industrial y turístico en Tierra del Fuego y sostuvo que ambas actividades no sólo pueden complementarse, sino que hoy funcionan en territorios claramente diferenciados dentro de la provincia. “Suena bastante razonable”, afirmó al analizar el debate sobre el modelo económico fueguino, remarcando que la industria tiene su epicentro en el norte y el turismo en el sur.

En ese esquema, ubicó a Ushuaia como el principal motor turístico provincial y destacó el peso concreto que tiene la actividad en la economía local. Según señaló, el turismo genera “entre 12 y 13 mil puestos de trabajo” entre empleos directos e indirectos, una cifra que posiciona al sector como uno de los grandes sostenes laborales de la capital fueguina.

Brisighelli marcó además una diferencia central entre el turismo y la industria electrónica: la previsibilidad. Mientras la industria depende de decisiones políticas, regímenes fiscales o modificaciones normativas, el turismo —aseguró— tiene una dinámica más estable y ligada al desempeño de quienes participan de la actividad. “Es una actividad que no depende de que suban o bajen un decreto para que funcione”, sostuvo en declaraciones a Radio Provincia.

Desde esa mirada, aseguró que el crecimiento turístico alcanzado por Tierra del Fuego ya refleja un nivel de madurez consolidado y explicó que eso se traduce directamente en mayores inversiones privadas en hotelería, gastronomía y servicios. “Es natural que esa actividad se desarrolle en Ushuaia y que tenga un horizonte de certidumbre de desarrollo de la actividad turística en el largo plazo”, expresó.

Sin embargo, advirtió que el crecimiento del sector empieza a encontrar límites concretos por la falta de infraestructura pública acorde a la expansión de la demanda. Para el dirigente empresario, el turismo funciona como una cadena donde cualquier falla termina afectando a toda la actividad. “El eslabón más débil es el que te limita toda la actividad económica”, resumió.

En ese punto, apuntó directamente a los déficits históricos de infraestructura en la provincia. Mencionó la necesidad de mejorar la conectividad aérea, ampliar la capacidad portuaria y avanzar en inversiones viales que permitan sostener el ritmo de crecimiento turístico. Según planteó, el principal cuello de botella hoy aparece en obras que dependen del Estado.

Uno de los ejemplos más claros, indicó, es el puerto de Ushuaia, cuya capacidad comienza a quedar corta frente al crecimiento sostenido de la actividad de cruceros. También describió un escenario de saturación recurrente en el aeropuerto durante las temporadas altas. “Tenemos que responder a aquellos que confían en nosotros como destino”, advirtió.

Sobre el aeropuerto internacional de Ushuaia, fue todavía más específico. Señaló que los pasajeros enfrentan largas filas tanto en el check-in como en los controles de seguridad y reconoció que se trata de problemas que se vienen discutiendo desde hace años sin soluciones concretas. “Uno siempre termina planteando los mismos problemas”, lamentó.

La preocupación también alcanza a la infraestructura vial. Brisighelli mencionó obras largamente demoradas, como la pavimentación de sectores estratégicos de la Ruta Nacional 3 y la ruta hacia Almanza, fundamentales para potenciar nuevos circuitos turísticos y descongestionar áreas ya saturadas.

El dirigente explicó además que el turismo fueguino está compuesto mayormente por pequeñas y medianas empresas, lo que limita enormemente la capacidad del sector privado para afrontar obras de gran escala o ejercer presión política comparable con otras actividades económicas más concentradas. “Mientras más lejos tengamos al Estado de nuestra actividad económica en general, menos problemas solemos tener”, lanzó, marcando una posición crítica sobre el funcionamiento estatal.

Respecto al puerto, valoró las obras anunciadas para mejorar la operatoria, entre ellas el recambio de defensas y la habilitación de nuevos sectores de amarre, aunque aclaró que el verdadero desafío pasa por garantizar eficiencia operativa. “Cuando las cosas se hacen mal… eso implica mayores costos”, afirmó, advirtiendo que esos sobrecostos terminan impactando en toda la cadena turística y reducen la competitividad del destino.

En relación con la actividad de cruceros, aseguró que la última temporada se desarrolló sin grandes inconvenientes operativos, aunque reconoció que existió preocupación por conflictos gremiales y advertencias sindicales que generaron incertidumbre entre operadores y empresas.

De cara a la próxima temporada, proyectó un escenario similar al actual, con alrededor de 500 recaladas de cruceros, aunque aclaró que la evolución del mercado internacional dependerá de factores globales como el precio del combustible.

Para el invierno, en tanto, se mostró moderadamente optimista y habló de un panorama “razonable”, impulsado principalmente por el crecimiento de vuelos internacionales y una mayor llegada de turistas brasileños. Según consideró, el contexto cambiario actual también favorece el turismo receptivo y posiciona a Ushuaia como uno de los destinos más competitivos del país.

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